“El día que la mujer pueda no amar con su debilidad, sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella,  como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal”. -Simone de Beauvoir.

Los periódicos han tenido una importancia fundamental en la consignación de los acontecimientos más relevantes en diversos momentos de la historia de nuestro país. Hay quienes dicen que la historia contemporánea se leía en los impresos que circulaban desde el siglo XIX.

Pero quienes tuvieron el privilegio de plasmar en papel lo que acontecía en México fueron hombres, pocas mujeres tuvieron oportunidad de hacerlo.

Los pocos espacios que se abrieron para las mujeres en los periódicos en el siglo XIX fueron para escribir poesía o literatura. Los temas relacionados con la política y la opinión estuvieron reservados para los varones.

Aquellos que han estudiado, desde la academia, la participación de las mujeres en el periodismo señalan que es muy difícil rastrear a aquellas que pudieron participar en los medios impresos del siglo XIX, porque algunas de ellas, probablemente lo hicieron utilizando seudónimos o sobrenombres.

Leona Vicario fue, probablemente, una de las primeras mujeres en publicar en un diario los hechos relacionados con el movimiento de Independencia.

Para finales del siglo decimonónico una poeta de nombre Ángela Lozano fue la primera mujer en estar al frente de una publicación de corte literario.

 

Las hijas del…

Sin duda, resulta apasionante adentrarse en la historia y poder imaginar a mujeres inquietas, irreverentes, con un apetito por aprender y compartir sus ideas más allá de los espacios reservados para ellas, más allá de la intimidad de las paredes que ahogaban la ansiedad por compartir sus pensamientos.

Los estereotipos del rol de las mujeres del siglo XIX eran claros, ser excelentes cocineras, bordar de manera excelsa, aprender buenos modales, leer en la intimidad para cultivar el alma con textos literarios. La política no era considerada asunto de la incumbencia femenina.

Pese a ese contexto, hubo quienes abrieron brecha, presionaron, aprovecharon los espacios y utilizaron habilidosamente su intelecto para incursionar en los medios escritos, hasta entonces reservados para los varones.

Las Hijas del Anáhuac representan el punto de partida del periodismo femenino en México, allá por el 1873 durante el gobierno de Miguel Lerdo de Tejada, quien ocupó la presidencia después de la muerte del presidente Benito Juárez.

Y miren que fueron hábiles estas mujeres, porque aprovecharon que una de asignaturas que tenían en la escuela de Artes y Oficios para Mujeres era precisamente una denominada “La imprenta” en donde hicieron un periódico en el que publicaron, bajo una visión moderna, columnas, crónicas y poesía.

Otro espacio que se abrió para las plumas femeninas fue el que fundó Laureana Wright, denominado Las violetas del Anáhuac  que estuvo prácticamente reservado para la participación de mujeres y que fue publicado de 1887-1889.

 

Revolucionadas

La Revolución Mexicana fue un levantamiento armado que convulsionó la estructura social existente hasta entonces y las mujeres fueron elementos fundamentales en ese proceso para lograr un cambio en el México del siglo XX.

En este periodo en específico, hubo quienes al calor de la intensidad de la Revolución aprovecharon y dieron rienda suelta a la necesidad de participar –en la medida de lo posible- en los pocos periódicos que podían salir publicados. Tal es el caso de Juana Gutiérrez de Mendoza y Eliza Rosete que escribieron en el periódico Vésper  sobre temas políticos, fundamentalmente aquellos relacionados con la democracia del país.

El surgimiento del denominado periodismo de empresa brindó la oportunidad para que algunas mujeres comenzaran a participar. El Universal primero y, luego, el Excélsior abrieron espacios para la participación de mujeres en la actividad periodística aunque, vale la pena destacar que no lo hicieron en la cobertura noticiosa del momento, sino en el trabajo en oficina, como correctoras de estilo, por ejemplo.

 

Los maravillosos 60s

Los sesentas representaron, por todos los acontecimientos que se generaron a nivel mundial, el momento propicio para que las mujeres mexicanas incursionaran con una vitalidad jamás vista en los medios de comunicación de este país.

Los argumentos de que las jóvenes tenían miedo de salir a la calle a cubrir la nota porque se les rompían los tacones o las uñas, fueron echados a un lado.

Periódicos como el Día y la Prensa dieron espacios a universitarias formadas en las aulas de la UNAM y de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García que comenzó a formar a los primeros técnicos reporteros desde finales de la década de los cuarentas y a nivel profesional a partir de 1976.

Algunas mujeres reporteras entraron, pero ya no a cubrir la nota “blanda”, ni a los temas ligeros, sino a una de las fuentes más rudas, como es la cobertura de la nota roja, tal es el caso de Magdalena Mondragón, quien fue la precursora de esta sección en el diario La Prensa.

 

A pie de página

En próximas entregas continuaremos con este recorrido que hemos iniciado hoy, el de la participación de las mujeres en los  medios de comunicación en México, hasta llegar a nuestros días y al contexto local.

Sin duda en Tlaxcala hay mujeres que han hecho brecha para incursionar en los medios de comunicación en la entidad, en espacios tradicionalmente masculinos como ocurre en diversos puntos de la geografía mexicana, pero con sus propias particularidades y dinámica.

 

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