“Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen y otros por perder las cosas que tienen”. –Eduardo Galeano

Los datos duros

El pasado fin de semana fuimos testigos de uno de los eventos mediáticos más importantes de las últimas décadas en nuestro país: el debate de cinco candidatos que aspiran a ocupar la “silla grande” el próximo sexenio.

Pasado apenas un par de días, el análisis del debate ha sido “el tema” que ha ocupado la atención de intelectuales, politólogos, especialistas en imagen pública, actores políticos y ciudadanos de a pie, quienes rompieron la inercia de la apatía de ser testigos de lo que creían sería “más de lo mismo”. Esta vez se atrevieron a encender sus televisores y convertirse en testigos de un evento que forma parte de una serie de acontecimientos que, al parecer, marcarán la historia contemporánea de este país.

Y es que las cifras de quienes vieron el debate, a través de televisión o redes sociales, no son nada despreciables. De acuerdo al presidente del Instituto Nacional Electoral INE, Lorenzo Córdova, más de 11 millones de personas prendieron su televisor para verlo. El dato es abrumador porque, de acuerdo a los especialistas que miden el nivel de audiencia, esto significa que, 4 de cada 10 mexicanos estuvieron atentos a la actuación de los cinco políticos. Esta audiencia sólo se ha alcanzado en horarios estelares en las que se han proyectado algunas telenovelas bastante populares.

Quienes siguieron el evento a través de redes sociales fueron más de 6 millones de personas, por lo que el debate, se convirtió en tendencia a nivel mundial. En Facebook hubo casi 5 millones de reproducciones; en YouTube la cifra alcanzó casi el millón de reproducciones y más de 2 millones de tweets.

El impacto

Sin duda, el impacto social del debate va más allá de las fronteras a las que estábamos acostumbrados, es decir, la asimilación del mensaje para un reducido grupo de individuos que constituían, hasta hace algunas décadas, el mercado potencial de este tipo de eventos.

La democratización de los medios de comunicación a través de la penetración de las redes sociales en los diversos sectores de la población, implica una mayor difusión de los mensajes transmitidos a través de radio, televisión y medios digitales.

Pero ¿Qué hay del impacto que genera en los ciudadanos escuchar una serie de afirmaciones que constituyen falsedades? Sin duda, este ejercicio democrático, como lo denominó el Presidente del INE tiene serias fisuras.

De acuerdo a Verificado.mx en un reporte denominado “¿Verdades o mentiras? Esto dijeron los candidatos sobre seguridad y violencia en el primer debate” los candidatos incurrieron en falsedades a la hora de sustentar sus afirmaciones con datos que fueron sujetos a manipulación o, bien, a un manejo metodológico distinto cuyos resultados fueron diferentes.

El asunto es grave, porque el impacto mediático implica la generación de opinión pública, y el posicionamiento sobre la preferencia de cada uno de los personajes que se enfrenta en la contienda por la presidencia.

Al revisar los datos sobre las falacias en las que incurrieron algunos de los candidatos, valdría la pena plantear la incorporación de algún mecanismo, mediante el cual el propio INE pudiera hacer las aclaraciones pertinentes, sobre la información engañosa o manipulada durante el debate.

Y es que la clase política de este país, está tan acostumbrada a mentir, a manipular y, a incurrir en acciones fraudulentas con la mayor de la desfachatez, que descartan consecuencias de uso faccioso de los datos. Están acostumbrados a que en México la mentira no tiene consecuencias y, con el afán de ganar votos, son capaces de las acciones más ruines con tal de mantener o llegar al poder.

Ética ¿Qué es eso?

En el debate se mintió -con datos manipulados- sobre incidencia delictiva; robo de autos; víctimas de la violencia; homicidios; programas asistenciales y otros. Los candidatos lanzaron como arpón el dato tratando de pescar un mayor número de adeptos, es decir, votos para las urnas. La pregunta es: ¿Se vale mentir, aunque después se hagan las respectivas aclaraciones o precisiones sobre la información vertida?

Si Maquiavelo el “padre de la teoría política moderna” pudiera contemplar a la clase política mexicana, estaría reafirmando que el comportamiento inmoral, como la deshonestidad se ha normalizado y ha resultado efectivo en la forma en la que se hace política en este país.

A pie de página

Mi estimado amigo Roger lleva a cabo una investigación sobre el fenómeno del “huachicoleo” en Tlaxcala y, el asunto es más complejo de lo que las autoridades han reconocido, por ello, es fundamental contar con un diagnóstico certero, que no maquille y que brinde, a quienes toman decisiones, la información necesaria para implementar acciones acordes a la dimensión del problema.

Correo electrónico: leticiaalamillacastillo@gmail.com

Facebook: Leticia Alamilla Castillo

Twitter: @NIRVANATLAX

 

 

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