No hay, tal vez, peor gobernante que el que no quiere oír. O aquél que sólo se oye a sí mismo. O el que sólo oye lo que le conviene. Este dicho se puede aplicar a funcionarios de muy diferente nivel. Pero nunca al presidente de la República. Nadie debe tener mayor sensibilidad ni capacidad de escuchar a la crítica o a sus gobernados.

No obstante, pareciera que dentro del equipo cercano al presidente se maquillan demasiado las cifras o no le proporcionan los datos correctos, por lo que el mandatario tiene que decir: “yo tengo mis propios datos”.

El caso del diferendo que tuvo el presidente con The Financial Times es una nueva muestra de ello. Primero, porque el rotativo no estaba difundiendo una noticia, sino un editorial, cabe decir, dando una opinión y tal vez una recomendación: pedirle al mandatario “aceptar la realidad económica y no seguir confiando en sus propios datos”.

En estricto uso de su libertad de opinar y de su derecho a defender su posición, el presidente López Obrador discrepó del medio de comunicación británico. El problema es que, al referirse a esta discrepancia, apuntó: “Con todo respeto, (el Financial Times) debe pedir disculpas al pueblo de México. Se quedó callado mientras se imponía la corrupción en México; nunca dijo nada, aplaudían que se llevaran a cabo las reformas estructurales. Estoy esperando que se disculpen, podrán ser muy famosos, pero no fueron objetivos, no son profesionales.”

Pero alguien debió informarle al presidente que esto no era cierto. De hecho, The Financial Times no solo no aplaudió las reformas de Peña Nieto, sino que las criticó.

De acuerdo con una nota publicada por este medio británico en agosto de 2016, las medidas que el gobierno priista implementó para impulsar el crecimiento se contraponían a la reducción enérgica que requería la deuda pública. En los resultados de estas medidas, señaló, “reside la gran decepción de las reformas estructurales promulgadas por el presidente Enrique Peña Nieto, que hasta ahora, no han servido para impulsar la economía como se tenía previsto”.

Ya antes, en mayo de 2019, otro diferendo se generó entre AMLO y un medio de renombre mundial, The New York Times. Dos señalamientos fueros especialmente críticos con la administración morenista: que, a pesar de su promesa de perseguir la corrupción, no se hubiese hecho pública ninguna persecución contra exfuncionarios corruptos. Y también, que habiendo prometido retirar al ejército de funciones policiales, “terminó por garantizar el papel del ejército en la seguridad nacional, mientras que las tasas de homicidios en México alcanzan sus mayores niveles en más de dos décadas”.

Aquí la respuesta del presidente fue precisa y mesurada. “Tienen todo el derecho de expresarse, yo no comparto ese punto de vista, aunque se trate del New York Times, aunque se trate de un periódico famoso”.

En aquél momento, al menos, no exigió disculpas. Porque es evidente que ni en el caso del Financial ni en ningún otro le darían estas satisfacciones. Como señala el clásico: “la labor del político es hacer política. Y aguantar vara.”

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