Como bien lo señala el Instituto de Recursos Mundiales (WRI por sus siglas en inglés), el mundo funciona gracias y alrededor del agua. El abastecimiento seguro de agua potable es indispensable para la industria, la agricultura, la producción de energía y más importante aún, para la vida, debido a que todos los seres vivos dependemos del líquido anteriormente señalado.

Es a partir de esta problemática que el WRI emprendió el proyecto conocido como Aqueduct , a través del cual se han recabado datos actuales con la finalidad de producir un “mapa global de riesgos para el agua”, y poder atacar los diferentes elementos que ponen en peligro al vital líquido.

Aqueduct ha permitido demostrar que a nivel internacional se vive desde hace varios años una crisis del agua. De acuerdo con este programa, más de mil millones de personas viven en regiones donde hay escasez de la misma y hasta tres mil quinientos millones de personas podrían sufrir de escasez antes del año 2025, fecha que se encuentra prácticamente a la vuelta de la esquina.

Las proyecciones anteriormente mencionadas han sido obtenidas a través de el análisis de un fenómeno conocido como “estrés hídrico”, el cual puede ser comprendido como el porcentaje que un país, región o ciudad, consume del total de agua de la que puede disponer en un año. Este fenómeno puede incrementar debido a diversos factores, siendo los principales el aumento poblacional, la urbanización y la contaminación de los cuerpos de agua (principalmente por empresas).

Desde luego, esta crisis ha impactado a nuestro país, haciéndose más severa con el transcurso de los años; desde que tengo memoria he leído noticias de desabasto de agua, principalmente en las ciudades grandes. Hasta cierto punto, hemos escuchado constantemente que las denominadas demarcaciones territoriales de la Ciudad de México tienen problemas para abastecer de agua a sus habitantes.

A partir del estrés hídrico se puede constatar que México ocupa el lugar número 24 (de un total de 164) como uno de los países que sufren el denominado “nivel alto de estrés hídrico”, lo cual es bastante serio debido a que esto implica que los habitantes de la República Mexicana consumimos entre el 40 y 80 por ciento de nuestras reservas de agua anualmente. Es importante resaltar que nuestro país se encuentra a siete peldaños de alcanzar a los países en el nivel más crítico, denominado como “extremo estrés hídrico”.

Llama la atención que el fenómeno es más perjudicial en aquellas entidades en las cuales se ha generado un mayor crecimiento poblacional y urbanización, tal es el caso de la Ciudad de México, Estado de México y Querétaro.

El estrés hídrico en Tlaxcala

El panorama de nuestro estado no es más alentador que para el resto de México. Aún cuando nos encontramos en el lugar 17 de 32 entidades federativas, siendo la primera aquella entidad con el mayor nivel de estrés hídrico, la realidad es que tenemos una puntuación del 3.36 por ciento, misma que para la WRI implica un nivel alto de este fenómeno, lo cual significa que los tlaxcaltecas estaremos consumiendo en 2019 entre el 40 por ciento y 80 por ciento de nuestras reservas de agua.

Lógicamente en caso de no emprender acciones, el problema incrementará, debido a que en nuestro estado están aconteciendo los tres causantes principales del estrés hídrico: crecimiento poblacional, urbanización y establecimiento de nuevas empresas que en muchas ocasiones contaminan los cuerpos de agua en el estado (como se demostró en 2017 cuando algunas fábricas estaban contaminando el río Zahuapan).

Ciñéndome específicamente al ámbito local, considero que debemos enfrentar el problema desde el ámbito público pero también el personal. En cuanto al primer ámbito mencionado, lo más idóneo sería hacerlo desde el Poder Legislativo, creando y modificando leyes, tendientes a poner candados verdaderamente fuertes en materia ambiental a las empresas que busquen establecerse en nuestra entidad, no solo con la finalidad de evitar que contaminen los cuerpos de agua existentes, sino también con la intención de salvaguardar el medio ambiente en general (lo anterior sin perder de vista que hay algunas facultades en la materia que son exclusivas de la federación, por lo tanto lo que se pide en este punto es que el Legislativo local actúe dentro de sus facultades); así como el Ejecutivo, mismo que en dado caso, debería aplicar de manera eficiente dichas leyes, sin olvidar llevar el tema del cuidado del agua a las escuelas, a través de la SEP.

Finalmente, a nosotros como individuos nos toca concientizar a nuestras familias, amigos y conocidos sobre este problema y la necesidad de llevar a cabo acciones para contribuir a enfrentarlo, como por ejemplo reutilizar agua para ciertas labores, así como consumir lo mínimo indispensable.

Jfernandoesru22@live.com.mx

Twitter: @JUANFERESPINO

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