Hace años que las advertencias sobre el cambio climático han hecho eco a nivel mundial, y acerca de sus fatales consecuencias se ha dicho mucho, pero muy poco se ha hecho para enfrentarlo, es más, las naciones más industrializadas han negado categóricamente que exista y consecuentemente, nada se hace para que el impacto de la contaminación sea mayor.

De a poco, han surgido iniciativas que proponen enfrentar la contaminación y sus efectos desde un nivel personal, doméstico, pero lamentablemente quienes más contaminan son las grandes industrias y quienes directamente las que deben poner manos a la obra.

Según las definiciones de este fenómeno, el clima es una medida del patrón medio de la variación de la temperatura, humedad, presión atmosférica, viento, precipitaciones, recuento de partículas en la atmósfera y otras variables meteorológicas en una región determinada durante períodos largos de tiempo, lo cual ocasiona un clima variable.

Hay muchos gases de efecto invernadero responsables de un calentamiento adicional de la atmósfera, los cuales son producidos de distintas formas resultado de las actividades humanas. La mayoría proviene de la combustión de combustibles fósiles de los coches, de las fábricas y de la producción de electricidad. El gas responsable de la mayoría del calentamiento es el dióxido de carbono, también llamado CO2. Otros contribuyentes son el metano expulsado de los vertederos y de la agricultura (especialmente de los sistemas digestivos de los animales que pastan), óxido nitroso de los fertilizantes, los gases usados para la refrigeración y procesos industriales, y de la pérdida de bosques que de otra forma almacenarían CO2.

Ante todo este panorama de extrema urgencia, por un lado de la contaminación extrema y por el otro, el de los efectos que ya se notan a nivel mundial, como los huracanes más agresivos, aumento en el nivel de las costas, el deshielo de los glaciares, etcétera, ha surgido una voz, la de una adolescente que ha atraído la atención de muchos y el descrédito de otros tantos.

Greta Thunberg nació el tres de enero de 2003 en Estocolmo,​ hija de la cantante de ópera Malena Ernman y el actor Svante Thunberg. Su abuelo paterno es el actor y director Olof Thunberg.

Thunberg dice que escuchó por primera vez sobre el cambio climático en 2011, a los ocho años, y no podía entender por qué se estaba haciendo tan poco al respecto. Tres años más tarde, se deprimió y se aletargó, dejó de hablar y comer, y finalmente le diagnosticaron con síndrome de Asperger, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), ​ y mutismo selectivo.

El 20 de agosto de 2018, Thunberg, que estaba en noveno grado, decidió no asistir a la escuela hasta las elecciones generales de Suecia de 2018, realizadas el nueve de septiembre, tras la ola de calor y los incendios forestales en Suecia. Su demanda fue que el gobierno sueco redujera las emisiones de carbono con base a lo establecido en el Acuerdo de París, por lo que decidió protestar sentándose en las afueras del Riksdag todos los días durante la jornada escolar, junto con un cartel que decía Skolstrejk för klimatet (en sueco, «huelga escolar por el clima»).

A partir de entonces fue escalando a un intenso activismo que la ha llevado a recorrer el mundo a gran escala y en todos los escenarios posibles, pero entonces, y como se acostumbra fielmente en estos casos, han surgido voces contrarias que la critican y la descalifican ferozmente.

Una supuesta investigación del diario británico The Times develó que detrás de Thunberg hay una variedad de empresas, principalmente de lobby, académicos y hasta un laboratorio de ideas fundado por un exministro de Suecia “ligado a las empresas de energía del país”.

“Estas compañías se están preparando para la mayor bonanza de contratos gubernamentales de la historia: la ecologización de las economías occidentales. Greta, lo sepa ella y sus padres o no, es la cara de su estrategia política”, escribió el diario.

Yo me pregunto, ¿qué en esta vida no tiene visos de negocio? Hasta el aeropuerto de Santa Lucía seguramente que lo tiene, pero eso no le quita para nada la realidad a los señalamientos hechos por Thunberg, o ¿acaso las voces discordantes deben ser suficientes para dejar todo como está y no mover ni un dedo?

 “Estamos en el comienzo de una extinción masiva, y de lo único que ustedes pueden hablar es de dinero y de cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven?”, dijo la activista recientemente en la ONU.

Lo cierto es que son muy pocos los que se atreven a levantar la voz en este sentido y a esa escala, creo que se hace mucho en lo local, como los defensores del medio ambiente y de los bosques, pero lamentablemente, a esos activistas los matan, lo hemos visto, y curiosamente jamás aparecen responsables.

No hagamos caso omiso y recibamos el mensaje, nuestra Tierra, nuestro hábitat, nuestro planeta, solo es uno y debemos cuidarlo y aprender a armonizar el desarrollo humano con el respeto por la naturaleza.

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Twitter: @marlo_en 

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